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26 de marzo de 2015

Esplendor del momento presente

Esplendor del momento presente



La atención plena, a la que se procura acceder mediante prácticas de meditación de origen budista, permite –según el autor de este texto– “apreciar la plenitud de cada momento en que estamos vivos”, pero también “cuestionar nuestra visión y el lugar que ocupamos en el mundo”.

Por Jon Katab-Zinn * 


La atención plena es una antigua práctica budista que tiene una profunda relevancia para nuestra vida actual. Esta relevancia no tiene nada que ver con el budismo per se ni con hacerse budista, sino con el hecho de despertar y de vivir en armonía con nosotros mismos y con el mundo. Guarda relación con examinar quiénes somos y con cuestionar nuestra visión del mundo y el lugar que ocupamos en el mismo, así como con el hecho de cultivar la capacidad de apreciar la plenitud de cada momento que estamos vivos. Pero, ante todo, tiene que ver con el hecho de estar en contacto. Desde la perspectiva budista, se considera que el estado de conciencia que tenemos durante las horas de vigilia es extremadamente limitado y limitador, en muchos aspectos más parecido a un prolongado sueño que a un auténtico estado despierto. La meditación nos ayuda a despertar de este sueño caracterizado por el funcionamiento automático y la inconsciencia, que nos brinda la posibilidad de vivir nuestras vidas teniendo acceso a todo el espectro de nuestras posibilidades conscientes e inconscientes. Los sabios, los yoguis y los maestros zen han estado explorando este territorio de forma sistemática durante miles de años; a lo largo del proceso han aprendido algo que ahora puede ser profundamente beneficioso para Occidente, para equilibrar nuestra tendencia cultural a querer controlar y dominar la naturaleza en lugar de reconocer que somos una parte íntima de ella.

Su experiencia colectiva sugiere que al investigar interiormente nuestra propia naturaleza como seres y, especialmente, la naturaleza de nuestra mente a través de una autoobservación sistemática y cuidadosa, puede que lleguemos a experimentar mayor satisfacción, armonía y sabiduría en nuestra vida. También nos proporciona una visión del mundo complementaria a la visión predominantemente reduccionista y materialista imperante actualmente en el pensamiento y las instituciones occidentales. Pero esta visión no es ni particularmente oriental ni mística. Henry David Thoreau percibió el mismo problema en nuestro estado mental ordinario en Nueva Inglaterra en 1846 y escribió con gran pasión acerca de sus funestas consecuencias. Se dice que la atención plena es la esencia de la meditación budista. La atención plena es, fundamentalmente, un concepto sencillo. Su poder yace en el hecho de practicarla y aplicarla. Atención plena significa prestar atención de una manera determinada: de forma deliberada, en el momento presente y sin juzgar. Este tipo de atención permite desarrollar una mayor conciencia, claridad y aceptación de la realidad del momento presente. Nos despierta para que podamos darnos cuenta de que nuestras vidas sólo se despliegan en momentos. Si en la mayoría de esos momentos no estamos plenamente presentes, es posible no sólo que nos perdamos aquello que es más valioso de nuestra vida, sino también que no nos percatemos de la riqueza y la profundidad de nuestras posibilidades de crecimiento y transformación.

El hábito de descuidar nuestros momentos presentes en favor de otros que todavía están por llegar conduce directamente a una falta de conciencia que lo impregna todo, a no percibir la red de la vida en la que nos encontramos. Esto incluye el hecho de no ser conscientes ni comprender nuestra propia mente ni cómo ésta influye en nuestras percepciones y en nuestras acciones. También limita gravemente nuestra perspectiva acerca de lo que significa ser una persona y de cómo estamos conectados los unos con los otros y con el mundo que nos rodea. La religión ha sido tradicionalmente el ámbito de tales indagaciones fundamentales dentro de un marco espiritual, pero la atención plena tiene poco que ver con la religión, salvo en el sentido más básico de la palabra, en cuanto que intento apreciar el profundo misterio de estar vivo y de reconocer que estamos vitalmente conectados a todo lo que existe.

Si bien es posible que la práctica de la atención plena sea simple, eso no significa necesariamente que sea fácil. La atención plena requiere esfuerzo y disciplina, por el simple motivo de que las fuerzas que actúan en contra de nuestra capacidad de prestar atención plena –es decir, nuestra inconsciencia y nuestro comportamiento automático habituales– son extremadamente tenaces. Son tan intensas y están tan fuera del ámbito de nuestra conciencia que es necesario que tengamos un compromiso interno y que hagamos un cierto tipo de trabajo para poder seguir adelante con nuestros intentos de captar los momentos de forma consciente y de mantener la atención plena. Pero se trata de un trabajo intrínsecamente satisfactorio, porque nos pone en contacto con muchos aspectos de nuestra vida que habitualmente pasamos por alto o nos perdemos.

“¡No te quedes ahí!”

Tendemos a no ser conscientes de que estamos pensando prácticamente todo el tiempo. La incesante corriente de pensamientos que fluye por nuestra mente nos deja muy pocos descansos para experimentar el silencio interior. Y dejamos muy poco espacio para simplemente ser, sin tener que correr de aquí para allá haciendo cosas constantemente. Con demasiada frecuencia no llevamos a cabo nuestras acciones de una manera consciente, sino que nos dejamos arrastrar; actuamos llevados por los impulsos y pensamientos totalmente ordinarios que corren por nuestra mente como un río, cuando no como una cascada. Nos quedamos atrapados en ese torrente, que acaba inundando nuestras vidas y nos lleva a lugares a los que quizá no deseábamos ir o a los que quizá ni sabíamos que nos dirigíamos.

Meditar significa aprender a salir de esta corriente; significa sentarnos a su orilla, escucharla, aprender de ella y, a continuación, utilizar su energía para que, en lugar de dominarnos, nos sirva de guía. Este proceso no ocurre por sí solo como por arte de magia. Requiere energía. A este esfuerzo de cultivar nuestra capacidad de estar en el momento presente lo denominamos práctica o práctica meditativa.

La gente piensa que la meditación es una especie de actividad especial, pero esto no es del todo correcto. La meditación es la simplicidad misma. A modo de broma, a veces decimos: “No te quedes ahí haciendo algo, ¡siéntate!”. Pero la meditación tampoco consiste sólo en sentarse. Consiste en parar y estar presentes, eso es todo. Generalmente, corremos de aquí para allá haciendo cosas. ¿Es usted capaz de hacer una parada en su vida, aunque sea siquiera un instante? ¿Podría ser este momento? ¿Qué ocurriría si lo hiciera? Una buena manera de detener toda esta actividad es pasar al modo orientado a ser durante unos instantes. Piense en sí mismo como un testigo eterno, como si fuese imperecedero. Limítese a observar este momento, sin intentar cambiarlo en lo más mínimo.

¿Qué está ocurriendo? ¿Qué siente? ¿Qué ve? ¿Qué oye? Lo más curioso de detenernos es que en cuanto lo hacemos, allí estamos. Las cosas se simplifican. En cierto modo, es como si muriésemos y el mundo siguiera su curso. Si realmente muriésemos, todas nuestras responsabilidades y obligaciones desaparecerían de inmediato. Lo que quedara de ellas se resolvería de algún modo sin nosotros. Nadie puede hacerse cargo de nuestros propios asuntos. Se extinguirían o se irían agotando con nosotros, del mismo modo que ha ocurrido con los asuntos de toda persona que ha muerto. Así, pues, no necesitamos preocuparnos por ellos en términos absolutos. Si esto es así, quizá no sea preciso hacer esa otra llamada ahora mismo, aunque creamos que sí. Quizá no necesitemos leer algo ahora mismo, o hacer otro recado más. Al tomarnos unos instantes para morir deliberadamente a las prisas que nos impone el tiempo mientras seguimos estando vivos, nos liberamos y disponemos de tiempo para el presente. Al morir ahora de este modo, podemos llegar a estar más vivos ahora. Esto es lo que nos brinda el hecho de parar. No hay nada de pasivo en ello. Y cuando decidimos hacer algo, lo hacemos de otra forma, porque hemos parado. Parar hace que la acción resulte más vívida, sea más rica, tenga más textura. Nos ayuda a observar con perspectiva todas las cosas que nos preocupan y nos hacen sentir incompetentes. Nos sirve de guía.

Propuesta: Intente parar, permanecer sentado y tomar conciencia de su respiración de vez en cuando a lo largo del día. Puede ser durante cinco minutos, o incluso cinco segundos. Déjelo todo para aceptar plenamente el momento presente, incluso cómo se está sintiendo y lo que percibe que está ocurriendo. Durante estos instantes, no intente cambiar nada en absoluto, limítese a respirar y a soltar. Respire y permita que las cosas sean. Muera al hecho de tener que conseguir que algo sea distinto en este instante; mentalmente y de corazón, permita que este momento sea exactamente como es y permítase ser exactamente como es. A continuación, cuando se sienta preparado, muévase en la dirección que su corazón le indique, con atención plena y con determinación.

La mejor manera de captar momentos es prestar atención. Así es como cultivamos la atención plena. Atención plena significa estar despierto. Significa saber qué estamos haciendo. Pero cuando empezamos a fijarnos en lo que está tramando nuestra mente, por ejemplo, suele ocurrir que rápidamente volvemos a caer en la inconsciencia, volvemos a funcionar con el modo de piloto automático y nos desconectamos de lo que estamos haciendo. Estos lapsus de conciencia los suele provocar el torbellino de insatisfacción que surge en relación con algo que estamos viendo o sintiendo en un momento determinado y que no nos gusta; a partir de este torbellino emerge el deseo de que algo sea distinto, de que las cosas cambien. Puede observar por sí mismo el hábito que tiene la mente de huir del momento presente. Simplemente intente centrar y mantener la atención en algún objeto durante un breve período. Descubrirá que, para cultivar la atención plena, quizá tenga que recordarse una y otra vez que quiere estar despierto y consciente. Lo hacemos recordándonos a nosotros mismos: “Mira, siente, permanece presente”. Así de sencillo... regresamos al objeto, momento tras momento; permanecemos conscientes durante un período formado por una serie de momentos eternos; estamos aquí, ahora.

Resulta muy útil tener un soporte en el que centrar la atención, un ancla que nos mantenga amarrados en el momento presente y que nos ayude a regresar cuando la mente empiece a vagabundear. La respiración es un soporte excelente. Puede convertirse en una verdadera aliada. Al llevar la atención a nuestra respiración, nos recordamos a nosotros mismos que ahora mismo estamos aquí. Así pues, ¿por qué no permanecer plenamente despiertos para captar cualquier cosa que ya esté ocurriendo? La respiración nos puede ayudar a captar momentos. Es sorprendente que no haya más gente que sepa esto. Después de todo, la respiración siempre está aquí, justo delante de nuestras narices. Sería lógico que, aunque fuera por casualidad, nos hubiésemos dado cuenta de su utilidad en un momento u otro. Incluso tenemos la expresión: “No he tenido siquiera un momento para respirar”, que nos da una pista de que los momentos y la respiración pueden estar conectados de una manera interesante.

Para utilizar la respiración con el fin de cultivar la atención plena, simplemente conecte con la sensación de respirar. Sienta cómo el aire entra en el cuerpo y cómo el aire sale del cuerpo. Eso es todo. Perciba la respiración. Respire y sepa que está respirando. Esto no significa respirar profundamente o forzar la respiración, ni tampoco intentar sentir algo especial o preguntarse si lo está haciendo bien. Tampoco significa pensar acerca de la respiración. Se trata de tomar conciencia de la respiración mientras entra y sale del cuerpo de forma directa, desnuda.

Este ejercicio no tiene por qué durar mucho. Utilizar la respiración para regresar al momento presente no requiere tiempo, simplemente un cambio en la atención. Sin embargo, si se regala un poco de tiempo para ir hilando momentos de conciencia, respiración a respiración, momento a momento, le esperan grandes aventuras.

Propuesta: Intente permanecer con toda la inspiración a medida que entra en el cuerpo, y con toda la espiración a medida que sale, manteniendo la mente abierta y libre durante sólo este instante, durante sólo esta respiración. Deje a un lado toda idea de querer llegar a algún lugar o de querer que algo ocurra. Simplemente regrese una y otra vez a la respiración cuando la mente vagabundee, hilando momentos de atención plena, respiración tras respiración.

Kabir dice: “Dime, estudiante, ¿qué es Dios? Dios es la respiración que hay dentro de la respiración”.

El único momento

Practicar la atención plena significa comprometernos plenamente a estar presentes a cada momento. No se trata de una actuación. El único momento que existe es éste. No intentamos mejorar ni llegar a ningún otro lugar. No tratamos de alcanzar siquiera comprensiones profundas ni visiones especiales. Tampoco nos forzamos a dejar de juzgarnos, calmarnos o relajarnos. Y, por supuesto, no fomentamos el ensimismamiento ni el egocentrismo. Simplemente nos invitamos a interactuar con el momento presente con plena conciencia, con la intención de encarnar lo mejor que podamos la calma, la atención plena y la ecuanimidad aquí y ahora mismo.

Evidentemente, con la práctica regular y con el esfuerzo correcto –es decir, firme pero afectuoso–, la calma, la atención plena y la ecuanimidad se irán desarrollando y haciendo más profundas por sí solas, a raíz de nuestro compromiso de morar en la quietud y de observar sin reaccionar y sin juzgar. Las comprensiones directas, la visión profunda y las experiencias de quietud y de alegría acaban llegando. Pero decir que practicamos para que estas experiencias ocurran o decir que el hecho de tener más es mejor que tener menos sería incorrecto.

El espíritu de la atención plena consiste en practicar por el mero hecho de practicar; en recibir cada momento tal como viene –ya sea agradable o desagradable, bueno o malo, bonito o feo– y trabajar con eso porque es lo que está presente ahora. Con esta actitud, la vida misma se convierte en práctica. Entonces, sería más apropiado decir que en lugar de hacer una práctica, la práctica nos hace a nosotros, que la vida misma se convierte en nuestra maestra de meditación y en nuestra guía.

Si decide empezar a meditar, no es preciso que se lo diga a los demás, ni que hable de por qué lo está haciendo o de qué le aporta. De hecho, ésa es la mejor forma de echar a perder su incipiente energía y entusiasmo por la práctica y frustrar sus esfuerzos, pues no podrán tomar impulso. Siempre es mejor meditar sin anunciarlo a los cuatro vientos. Cada vez que sienta un fuerte impulso de hablar de la meditación y de lo maravillosa que es, o de lo muy dura que le resulta, o de lo que le está aportando estos días, o de lo que no le está aportando, o que desee convencer a otra persona de lo bien que le haría meditar, simplemente recuerde que todo esto no son más que pensamientos y siéntese a meditar un poco más. El impulso pasará y todo el mundo estará mejor, especialmente usted.

Un punto de vista que está muy extendido es que la meditación es una forma de desconectar de las presiones del mundo o de nuestra propia mente, pero esto no es exacto. La meditación no excluye ni desconecta nada. Consiste en ver las cosas con claridad y en situarnos deliberadamente de forma distinta en relación con ellas.

Si nos sentamos a meditar, aunque sea un momento, será un momento para la no acción. Es muy importante no pensar que esta no acción es sinónimo de no hacer nada. No podrían ser más diferentes. La conciencia y la intención son muy importantes a este respecto. De hecho, son la clave. A un nivel superficial, parece que podría haber dos tipos de no acción, uno que implica no hacer ningún trabajo externo y otro que implica lo que podríamos llamar actividad sin esfuerzo. A la larga, acabaremos viendo que son lo mismo. Es la experiencia interna lo que cuenta aquí. Lo que solemos denominar meditación formal implica dedicar un tiempo a detener toda actividad externa y cultivar la quietud de forma deliberada, sin otro propósito que el de estar plenamente presentes a cada instante. No hacer nada.

Thoreau solía sentarse en su puerta durante horas para dedicarse simplemente a observar, simplemente a escuchar, mientras el sol se desplazaba por el cielo, y la luz y las sombras cambiaban de forma imperceptiblemente: “Había momentos en que no podía permitirme sacrificar el esplendor del momento presente por trabajo alguno, de la cabeza o las manos. En aquellos instantes, crecía como el maíz por la noche”.

Propuesta: Si está practicando, intente reconocer el esplendor del momento presente en su práctica de meditación diaria. Si está despierto a primera hora de la mañana, intente salir y mirar (con una mirada pausada, atenta y consciente) las estrellas, la luna, la luz del amanecer cuando llegue. Sienta el aire, el frío, la calidez (con un sentir pausado, atento y consciente).

* Fragmentos de Mindfulness en la vida cotidiana, de reciente aparición (Ed. Paidós).

* Nota publicada en el diario Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-268426-2015-03-19.html)

1 de octubre de 2014

Ejercicios de respiración

La respiración


"Ananda, primo, amigo y discípulo devoto de Buda, le preguntó una vez si había alguna cualidad particular que uno debiera cultivar especialmente para alcanzar un despertar completo. Buda le respondió: estar concentrado en la respiración"


La respiración es el acto más sencillo, más vital y uno de los más automáticos que realizamos. La respiración consciente es la mejor herramienta con la que contamos para conectarnos con nuestro ser. Si aprendemos a respirar, aprenderemos a poner atención, a concentrarnos y por lo tanto, a estar más presentes en el aquí y ahora.

Todo aprendizaje de meditación empieza en la respiración.

Qué es una respiración completa?


Existen tres tipos de respiración en nuestro cuerpo:

Respiración abdominal: si ponemos nuestras manos en el abdomen podemos notar como se infla al inspirar y se desinfla al exhalar.
Respiración torácica: si ponemos nuestras manos en el pecho podemos notar como al inspirar se llenan los pulmones y se expande la caja torácica, mientras que al exhalar se vacía.
Respiración clavicular: si ponemos nuestras manos por sobre el pecho, a la altura de las clavículas, notaremos como al inspirar toda la zona se eleva y al exhalar baja.

Para hacer respiraciones profundas vamos a usar las tres regiones. Al inhalar inflamos primero el abdomen, después el tórax y por último elevamos la zona clavicular. Al exhalar soltamos el aire en el sentido inverso, primero bajamos la zona clavicular, después desinflamos el pecho y finalmente soltamos todo el aire del abdomen. Este proceso hace que el recorrido de la respiración sea completo, beneficiando el cuerpo en su conjunto.

Cómo aprender a realizar respiraciones completas?


Primer etapa

Lo primero es empezar a respirar llenando las tres áreas antes mencionadas. Mientras inhalamos, contamos el tiempo que nos lleva ocupar las tres zonas sin forzarnos, suavemente. Quizás contemos hasta 6, 8 o 10. Va a depender de nuestra capacidad pulmonar en ese momento.

Segundo, una vez que tenemos todo el aire ocupando las tres zonas, retenemos la respiración por la mitad del tiempo que nos tomó llenarlas. Si contamos hasta 10 en la inhalación, retemos durante 5.

Tercero, exhalamos desde arriba hacia abajo, de clavículas a abdomen, contando hasta el mismo tiempo que nos haya llevado la inhalación. Si inhalé hasta 10, exhalo hasta 10.

Resumiendo: si inhalé contando hasta 10, retengo durante 5 y exhalo durante 10 nuevamente.

Una vez dominada esta etapa pasamos a la siguiente. No importa que nos lleve varios días, lo importante es que podamos realizarla con comodidad.

Segunda etapa

Siguiendo el ejemplo anterior, si antes inhalábamos contando hasta 10, ahora lo haremos contando hasta 5. La mitad del tiempo que nos haya llevado antes.

Inhalamos durante 5, retenemos durante 5 y exhalamos el doble de tiempo (10).

Esto hará que tengamos que inhalar más fuerte en menos tiempo para poder llegar a 10 en la exhalación.

Tercera etapa

Repetiremos lo mismo que en la segunda etapa pero poco a poco vamos a ir exhalando durante un tiempo más prolongado. 

Desintoxicación del cuerpo


Este proceso además de fomentar nuestra atención, concentración y aliviar el estrés, va a tener un efecto energizante. La inhalación llena nuestro organismo de oxígeno nuevo, energía renovada, que en la retención se distribuirá por todo el cuerpo. En la exhalación estaremos desintoxicando el organismo, liberando la energía acumulada en las tensiones, preocupaciones, angustias y estrés.


Consultorio




30 de septiembre de 2014

"La sociedad no es algo diferente a mí"



¿Puedes vivir en esta sociedad enferma (inmoral, corrupta y todo lo demás…) sin perder la honestidad contigo mismo? ¡Claro que puedes!

Entonces tendrás que preguntarte:“¿Qué es la sociedad? ¿está la sociedad separada de mi? ¿o yo mismo soy la sociedad? ¡Yo soy la sociedad, yo he creado a ese monstruo! Soy parte de él. 

La sociedad no es algo diferente a mí. ¿No es cierto? Así que no se trata de cambiar el círculo externo (las estructuras sociales y todo el juego político…) 

Primero debo poner mi casa en orden. MI CASA. Profundamente en orden. Y entonces habrá orden ahí afuera.

Si yo, y usted y todos los que escuchan ponemos primero nuestra casa en orden ¡habremos creado una nueva sociedad!

J. Krishnamurti

29 de septiembre de 2014

"Una forma de encontrarse"

Entrevista a Carl Rogers - 1984



Esta entrevista con el Dr. Rogers apareció en la revista "Laughing Man Magazine", en el  invierno de 1984, tres años antes de su muerte. 
 
Carl Rogers

 

 "el hecho verdadero de todo esto es que soy demasiado religioso para ser religioso"


 



P: Los humanistas tienden a tener una fe sin límites en la posibilidad de que los hombres usen su razón para mejorar su vida. Y ellos generalmente rechazan el aspecto llamado "sobrenatural o metafisico" de la vida en sus explicaciones del mundo. Así el humanismo termina a menudo siendo una religión antropocéntrica hecha y derecha. ¿Usted definiría su posición en vista de esa perspectiva filosófica?

Rogers: No creo que el mundo o la humanidad mejore con el ejercicio de la razón solamente. Si vamos a mejorar como individuos, como grupos, como instituciones o naciones, eso será debido a aprender como personas enteras, que incluye lo intelectual, lo emocional, y en años recientes utilizaría de forma renuente la palabra "espiritual" también. Uno de las problemas de nuestra sociedad tecnológica es que crece sobre el hecho de que confiamos totalmente en el intelecto y la razón. 
 
P: Los conceptos tales como Dios, Uno Mismo, lo Transcendental, Sentido Universal, o Dios-Realización no entran en sus trabajos. ¿Tienen lugar en su vida personal? 

Rogers: Todos esos términos tienden a ser cargados con toda clase de connotaciones. Alguna gente que me conoce bastante me dice que sea más espiritual. Quizás lo sea, aunque no me gusta usar la terminología religiosa. No creo que esto sea un universo por accidente. Eso siento. Y cualquier fuerza que está funcionando a través del universo podría, posiblemente, ser una fuerza de lucha. Nuestra lucha es una parte de otra universal hacia la mayor armonía, a la mayor perfección. Ésa es una vista espiritual del universo, pero no es de las que cabe en las nociones de la mayoría de la gente sobre Dios. 

P: En el libro "El Camino del Ser" usted enumera algunas de las cualidades de la persona del futuro. Uno de éstos es un deseo vivo por lo espiritual. ¿Qué significa para usted el término "espiritual"?

Rogers: Para mí apunta a dos connotaciones. Una es transcendental. Hay momentos en la experiencia del grupo o en la experiencia terapéutica donde parece como si el consultante y el terapeuta han dado ligeramente con algo que es más grande que cualquiera de ellos. Lo espiritual también refiere al respeto verdadero de los valores de uno, del valor y dignidad como individuo. Los valores humanísticos podrían llamarse una parte de la espiritualidad. Recuerdo una vez cuando un grupo de sacerdotes que realmente me presionaban a admitir que yo era religioso, les dije. "el hecho verdadero de todo esto es que soy demasiado religioso para ser religioso." Para mí eso expresa algo absolutamente verdadero. Hablar de espiritualidad o de Dios no dota a la vida de su calidad religiosa o espiritual. La manera que vivo mi vida es una tentativa de expresar este aspecto que, mejor se deje indefinido.
  
P: ¿Qué le hace renuente escribir o hablar sobre espiritualidad?

Rogers: No siento que pueda comunicarme muy directamente sobre la calidad de la vida espiritual de una manera que no fuese mal entendida, porque todas las palabras tienen muchas connotaciones. Mi opinión se ha ampliado recientemente en una nueva área que no se puede estudiar hasta ahora en forma empírica. Cuando estoy mejor como facilitador de grupo o como terapeuta, estoy más cerca del mí mismo interior, o quizás en un estado levemente alterado de conciencia, entonces lo que hago parece ser plenamente curativo. Mi sola presencia alivia y es provechosa. No puedo forzar esta experiencia, sino que cuando puedo relajarme y estar cerca de mi base transcendental, puedo comportarme de maneras extrañas e impulsivas en las relaciones, que no puedo justificar racionalmente y que no tienen nada que ver con mis procesos intelectuales. Pero estos comportamientos extraños resultan correctos en cierta forma. El crecimiento profundo, curativo, y la energía está presente. En esos momentos, parece que mi ser interno ha salido afuera y ha tocado el ser interno del otro. Nuestra relación se supera y se convierte, en parte, en algo más grande.
P: ¿Usted convendría que terapeuta y consultante se están esforzando en última instancia en conectar el uno con el otro, en lo que sienten antes de todo el conocimiento y las limitaciones de la mente, de la emoción, y del cuerpo? ¿Es decir, se esfuerzan por superar mutuamente la separación evidente entre ellos?

Rogers: Déjeme hablar sobre eso. Pienso que los momentos más profundos de la terapia son aquellos en los cuales usted puede casi sentir el enlace ectoplásmico del terapeuta y el consultante. El enlace es tan cercano que cada persona puede hablar a la otra o saber lo que está pensando la otra. Siento que ésos son los mejores momentos, la mayor elevación o la recompensa en la terapia. Me opongo a la palabra como objetivo, estar realmente "cerca" de una persona es uno de los aspectos de mayor satisfacción en la vida.

P: ¿Usted siente que ésta puede ser la base real para restaurar a la persona consigo mismo y a su ser desde el principio?

Rogers: Sí, siento eso, aunque no sabría definir o describir qué lo causa. 
 
P: Si una persona es mas que el aparente sí-mismo, en relación con otros aparentes sí-mismos, entonces ¿es la propia mejoría o la tendencia actualizante un modelo suficiente para la terapia psicológica? ¿No debería incluir el modelo tambien la auto-trascendencia, descubrir o recuperar la identidad espiritual del hombre?

Rogers: Es una buena pregunta. Siento que algún otro puede desarrollar el punto de vista de esa tendencia y dirección generales. 
 
P: Si usted tuviera otros ochenta y dos años por vivir, ¿se movería en este aspecto de la investigación?

Rogers: Es absolutamente posible. He tomado las trayectorias que otros piensan como muy atrevidas, pero creo que he sido muy cauteloso al incursionar en esos nuevos campos. Es absolutamente posible que si tuviera otros ochenta y dos años, me mueva en esta dirección.

P: ¿Entonces usted admite una diferencia entre el modelo de la tendencia actualizante  que propone actualmente y la actualización de la trascendencia del ser?

Rogers: Mi teoría de la tendencia actualizante crece junto a mi experiencia con los consultantes.  Debieron mis clientes desarrollarse tanto en su autotrascendencia que necesariamente se convirtió en parte de mi teoría. Y tengo la certera sensación de que nos estamos moviendo hacia una era donde los fenómenos de la auto-trascendencia serán más comunes, porque son más aceptados o porque ya era tiempo que ello emergiera. 
 
P: Ha sido discutido por Arnold Toynbee, entre otros, que los grandes valores espirituales, las sensibilidades, la verdad, la realización de la vida, fueran introducidos en la civilización humana por los grandes profetas, o amos espirituales, individuos como Jesús, Buddha, o Krishna. ¿Cómo se siente usted  ante la influencia de tan grandes personalidades en la historia humana?

Rogers: Convengo que han servido mucho para elevar el propósito de la vida, pero se han entendido muy mal a menudo, institucionalizándose de las maneras que son contrarias a su forma de vivir. Por ejemplo, pienso que ha habido siempre una corriente de lo que llamaría cristianismo verdadero o corriente verdadera de algunos de los principios de Jesús. Pero por sobre esa corriente han estado los aumentos enormes de la teología y de la institucionalización que no son realmente esenciales para la base de las  enseñanzas de Jesús.
 
P: ¿Usted concebiría la posibilidad de que tales profetas hayan realizado un potencial humano que pueda servir a la gente como meta o guía posible para sus propias vidas? ¿Podría haber una directiva de evolución humana en lo que ellos encarnaron? 

Rogers: Sí, el pensamiento que me viene a la mente es la noción de Teilhard de Chardin sobre noösphere (noosfera). Podemos desarrollarnos en nuevas formas de existencia espiritual. Así pues, los líderes religiosos históricos habrían sido realmente una base para ello.
 
P: Usted ha escrito sobre una búsqueda fundamental que se puede resumir en la pregunta "quién soy yo realmente?" ¿Ha encontrado una respuesta tentativa o concluyente para sí mismo?

Rogers: Encuentro respuestas cambiantes. Estoy seguro que no sé quién soy realmente, pero eso es lo interesante, estar en contacto con muchos aspectos de mí mismo, más de lo que acostumbraba a estar.  Pienso que estoy más abierto a mi propia experienciación de lo que estaba en el pasado. 

P: ¿Usted encuentra que la aceptación positiva incondicional, también tiene contrapartes emocionales que se relacionan con el equanimidad o el serenidad?

Rogers: Sí. Pienso que la  "aceptación positiva" en una relación y en uno mismo tienden hacia una paz interna o a la  tranquilidad o, si uno es afortunado, hacia la serenidad.
 
P: ¿Usted siente que la aceptación positiva de sí mismo puede tener una función trascendental en la superación? ¿O podría ser que se desarrolla dentro de uno?

Rogers: Experimento que en la mayoría de las situaciones que he descrito hay una proximidad intensa con el consultante y esa parece ser una forma transcendental de aceptación.
 
P: Para comenzar, usted utiliza la aceptación positiva incondicional como una clase de llave a la interacción, pero entonces la apertura se convierte en un estado conciente para usted en el cuál ocurre una cierta serenidad o conección. La aceptación positiva incondicional es un método y también un estado. ¿Sería ésta una descripción exacta?

Rogers: Es un contínuo camino de encuentro vivencial. Esto incluye la aceptación a la belleza de mis fucsias (flores), tanto como aquello que se internaliza en mí, como aquellas cosas que se internalizan en una relación. 
 
P: ¿Tiene comentarios finales? 

Rogers: Diría que usted me ha obligado a examinar aspectos de mi pensamiento que me han revelado algo en nuevas áreas. Realmente aprecio eso. También me ha hecho caer en la cuenta cuánto confío en la  experiencia más que en la teoría, los significados personales aún más que en las formulaciones intelectuales.
 
(Laughing Man Magazine, 1984)
 
 

24 de septiembre de 2014

Meditación: La Mente Silenciosa por J. Krishnamurti


La dificultad de los seres humanos es que nunca han observado
un árbol, un pajaro, sin división.
Y debido a que nunca observan totalmente a un árbol ó un pájaro,
no pueden observarse a sí mismos completamente.
 
La experiencia personal tiene muy poca validez en los asuntos religiosos; no obstante, los seres humanos han dado importancia a la persona.
La persona representa la tradición, la autoridad , la forma de vivir, y a traves de eso esperan conseguir o alcanzar la iluminación o el cielo.
Pero la experiencia personal no tiene ningún valor en relación con la verdad.
 
Así, pues, negar la experiencia personal es negar el “yo”, porque el”yo” es la esencia misma de toda experiencia, que es el pasado.
 
Porque la verdad no es algo que uno experimente; la verdad no es algo hacia lo cual uno avanza gradualmente; no es a traves de innumerables días de práctica, de sacrificio, de control, de disciplina, que uno puede alcanzarla.
 
Si lo hace, entonces es una experiencia personal, y si se trata de una experiencia personal, entonces hay división entre el “yo”, la persona y la cosa que uno experimenta. Aunque uno intente identificarse con esa experiencia, seguirá habiendo división.
 
¿Puede el hecho de ajustarse a un modelo – sea el que sea - conducir a la verdad? Es obvio que no. 
“Quizás recuerden ustedes la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban paseando por la calle cuando vieron delante de ellos a un hombre que levantaba algo del suelo y, después de mirarlo, se lo guardaba en el bolsillo. El amigo preguntó al diablo:
“¿Qué recogió ese hombre?” “Recogió un trozo de la Verdad”, contestó el diablo. “Ese es muy mal negocio para ti, entonces”, dijo su amigo. “Oh, no, en absoluto”, replicó el diablo, “voy a dejar que la organice”.
 
Al ver cómo las religiones organizadas realmente han destruido la verdad, inculcando en el ser humano mitos absurdos para que se porte bien, si uno se da cuenta de todo eso, ¿ qué lugar tiene entonces la meditación? ¿Qué lugar tienen los guías, los gurús, los salvadores, los sacerdotes?
 
¿Es la meditación algo que deba practicarse diariamente? Practicar significa conformarse con un modelo, imitar, reprimir; ya sabe, todo lo que está implicado en el conformismo.
 
¿Acaso uno medita porque se trata de una larga y establecida tradición?
¿Meditamos por eso?
 
¿Qué es la meditación tradicional, ya sea cristiana, hindú, budista, tibetana ó Zen? Ya sabe: todas las diferentes meditaciones y sus escuelas, para mí eso
no es meditación en absoluto. Entonces ¿qué es meditación?
 
¿Porqué hacer de la meditación un problema? Los seres humanos tenemos suficientes problemas, tanto físicos como psicológicos. ¿Porqué hacer de la meditación un problema más? ¿Por qué añadirle al ser humano un problema más, cuando ya tiene miles?
 
¿Es la meditación una forma de evadirse de los problemas, de evitar lo que realmente es y, por tanto, no es meditación en absoluto? ¿O la meditación es comprender el problema de vivir?
 
Si meditar representa un problema, si uno hace de la meditacion otro problema .... por ¡Dios! Déjela. ¿Comprende que quiero decir?
 
Personalmente, niego toda esa clase de meditación, toda práctica, el constante repetir una palabra como hacen en India, en Tibet, por todo el mundo, ya sea el Ave Maria o cualquier otra palabra. Repetir, repetir, repetir; eso no tiene ningún sentido: vuelve a la mente más absurda y grotesca de lo que es.
 
A menos que el ser humano sea una luz para sí mismo, nada tiene importancia, porque si depende de alguien, se encuentra entonces en un estado de perpetua ansiedad.
 
Primero tiene que solucionar sus problemas, ¿no es así?. Debe poner orden en la casa, en la casa en la que vive, y esa casa es el “yo”-mis pensamientos, mis sentimientos, ansiedades, culpa, pena- debe poner orden ahí. Sin ese orden, ¿cómo seguir adelante?.
 
No estoy buscando orden; estoy viendo que hay desorden y quiero saber porqué lo hay. No pretendo encontrar orden, porque entonces aparecen todos los gurús y todo lo demás.
 
De modo que no deseo orden; sólo quiero descubrir por qué en nuestras vidas hay tal caos y desorden. El ser humano tiene que descubrirlo, no pedirle a alguien que le diga si hay desorden.
 
Si uno intenta solucionar el desorden será siempre alguna idea preconcebida del orden; es decir, según el orden cristiano, el orden hindú, el orden socialista, el orden comunista; cualquier orden. Mientras que si uno observa completamente el desorden, entonces ahí no hay dualidad.
 
Mirar el desorden sin el “yo”. ¿Es eso posible?. Porque entonces eso es meditación. ¿Lo entiende señor?, no toda esa tontería de la que hablan.
 
Observar sin división, observar sin el “yo”, que es la misma esencia que el pasado, ese “yo” que afirma, “debería”, “no debería”, “tengo que”, “no tengo que”; ese “yo” que dice: “ he de alcanzar”, “ he de llegar a Dios”, o lo que sea.
Entonces, ¿es posible observar sin el “yo”?
 
Uno no puede experimentar la inmensidad del océano. Ahí está para que uno lo mire; pero no es su océano. Así pues, si deja todo eso a un lado surge la pregunta: ¿es posible observar sin el “yo”?; observar este desorden total
de los seres humanos, sus vidas, el modo en que viven; ¿es posible observarlo sin división?
 
Para observar totalmente,no debe haber ninguna evaluación en absoluto.
 
La meditación no es la búsqueda de una experiencia trascendental que le proporcionará gran energía para volverse más malicioso. La meditación no es un logro personal, ni sentarse cerca de Dios.
 
La meditación es un estado de la mente en la cual el “yo” esta ausente y, por tanto, esa misma ausencia trae orden, y deber haber ese orden para seguir adelante. Sin ese orden las cosas se vuelven absurdas.
¿Puede la mente observar sin tiempo, sin la memoria, que es el alimento de la mente?
 
Como ve señor, después de todo, lo único que uno puede hacer es señalar y ayudar a la persona a ir hacia la puerta; pero de ella depende abrir esa puerta.
 
Una mente que ha investigado, que ha indagado todo esto, se vuelve extraordinariamente activa y, por tanto, silenciosa.
 
Para observar el desorden, el “yo” con sus recuerdos, con sus estructuras del tiempo, no debe estar presente; entonces en esa cualidad hay una quietud en la mente que observa, y esa quietud no es algo que se consiga por ninguna práctica, sino que viene con naturalidad cuando uno tiene orden.

(Meditación: La Mente Silenciosa por J. Krishnamurti)

Sobre la meditación - Krishnamurti


krishnamurti
Entrevistador: ¿Qué entiende usted por meditación? La palabra aparece con frecuencia en sus libros. Antes de venir a verlo, la busqué en el diccionario Oxford, y dice que meditar significa entregarse al pensamiento. Pero usted no quiere que nosotros hagamos eso.

Krishnamurti: Uno tiene que investigar esto para saber qué significa realmente; para mí es una de las cosas más importantes.

Entrevistador: ¿Podría ello explicarse mejor si usted me dijera lo que la meditación no es?

Krishnamurti: Iba a sugerir justamente eso. Vea, existen distintas escuelas de meditación. Ofrecen diversos sistemas, métodos, y dicen que si uno practica estos métodos día tras día, obtendrá cierta forma de iluminación, cierta experiencia extraordinaria. En primer lugar, toda la idea de los sistemas y métodos implica repetición mecánica, y eso no es meditación. Ahora bien, ¿es posible no dejar que la mente se embote por la repetición y estar alertas a este movimiento del pensar, sin reprimir, sin tratar de controlar los pensamientos, sino sólo estar atentos a todo este impulso del pensar, a este parloteo constante?

Entrevistador: Pero nosotros verbalizamos nuestros pensamientos todo el tiempo, ¿no es así?

Krishnamurti: De eso se trata. El pensamiento existe sólo en palabras o en imágenes. La meditación exige la más extraordinaria de las disciplinas, no la disciplina de la represión y el ajuste, sino esa que surge cuando uno observa su pensar, cuando hay una observación del pensamiento. Esa observación misma trae su propia disciplina, una disciplina extraordinaria, sutil, que es absolutamente necesaria.

Entrevistador: ¿Para esto tiene uno que descartar el tiempo?

Krishnamurti: Señor, usted puede hacerlo en cualquier momento. Puede hacerlo cuando está sentado en un autobús, o sea, que puede prestar atención, observar, estar atento a lo que pasa a su alrededor y a lo que ocurre dentro de usted, puede estar alerta a todo ese movimiento. Vea, la meditación es en realidad una forma de vaciar la mente de todo lo conocido. Sin esto, usted no puede dar con lo desconocido. Para ver algo nuevo, totalmente nuevo, la mente tiene que vaciarse de todo el pasado. La Verdad, o Dios, o cualquier nombre que uno quiera darle, debe ser algo nuevo, no el resultado de la propaganda, del condicionamiento. El cristiano está condicionado por dos mil años de propaganda; el hindú, el budista, están igualmente condicionados. De modo que para ellos Dios o la Verdad es el resultado de la propaganda. Pero eso no es la Verdad. La Verdad es algo que vive día a día. Por lo tanto, la mente debe vaciarse para poder mirar la Verdad.

Entrevistador: ¿Uno borra la pizarra, por así decirlo?

Krishnamurti: Eso es la meditación.

Entrevistador: Y entonces uno alcanza esta percepción relajada y total de “lo que es”.

Krishnamurti: De “lo que es”, correcto. Y “lo que es” no es algo estático, es extraordinariamente activo. Y, por lo tanto, la mente que de verdad se halla en meditación, la mente meditativa, es una mente muy silenciosa, y ese silencio no es producto de la supresión del ruido. No es lo opuesto del ruido. Adviene cuando la mente se ha comprendido por completo a sí misma; en consecuencia, no hay en ella ni un solo movimiento, lo cual implica que las células cerebrales mismas se han aquietado. Y entonces todo ocurre en ese silencio. Es algo extraordinario, si es que uno lo ha observado. Ésa es la verdadera meditación, no toda esta falsa aceptación de la autoridad, la repetición de palabras y todo ese negocio. Todo eso es un desatino.

Entrevistador: ¿Puedo tratar de recapitular, y usted me dirá si he entendido mal? La meditación, a mi parecer, es el proceso esencial para liberarnos del condicionamiento.

Krishnamurti: Así es, correcto.

Entrevistador: Y si yo descarto este peso muerto de la autoridad, si descarto todo lo que me han dicho, en ese instante estaré totalmente solo, pero en ese estar solo tengo una oportunidad de comprender lo que realmente soy.

Krishnamurti: Y lo que es la Verdad o Dios o el nombre que usted prefiera darle.

(Extracto del libro Encuentro con la vida, de Jiddu Krishnamurti)

Qué es la meditación?


meditacion
La meditación es la herramienta de desarrollo espiritual más antigua y más difundida de la humanidad. Con miles de años de historia, todas las religiones han practicado la meditación en alguna de sus formas. Las prácticas más conocidas suelen ser las orientales, entre las que podemos nombrar las hinduistas, las budistas y las zen. Pero la meditación también se ha practicado en el judaísmo y el cristianismo como contemplación, en las diversas formas de chamanismo de los pueblos originarios, y en el sufismo del islam.



No todas estas formas de meditación son iguales, pero sí tienen componentes centrales en común. El objetivo de todas ellas es conectar con lo más profundo de nuestro ser. Es un estado de atención concentrada, ya sea en la respiración, en un objeto externo, un pensamiento o la misma conciencia. La respiración es el eje común a las diferentes prácticas porque es el puente que conecta el cuerpo, la mente y el espíritu.



La focalización de la mente en un único objeto de percepción, sea cual sea, tiene una infinidad de efectos positivos sobre todo nuestro organismo. Ayudando a unificar, como decía el poeta, “las partes rotas de nuestro gran espejo interior”.



Esto no es otra cosa que la experimentación de la unidad con el todo. Por este motivo es que la meditación no tiene necesariamente que tener un trasfondo religioso. Es una herramienta de autoconocimiento que ayuda a desarrollar un mayor nivel de conciencia.



"Estar atentos y ser plenamente conscientes, segundo a segundo, de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestro cuerpo y movimientos, de todo nuestro entorno. Eso es meditación. Estar aquí y ahora"

-Haiku Zen-

 

La meditación no es otra cosa que tener conciencia plena de lo que nos está sucediendo en cada momento. De estar atentos, como decía Krishnamurti. Si estamos atentos a lo que nos sucede daremos lugar a esa energía transformadora, esa energía vital que compartimos con todo ser vivo y que nos lleva al desarrollo pleno de nuestros potenciales. Cuando meditamos estamos permitiendo que esa energía se despliegue.



Para el budismo, la meditación es una forma de acceso al conocimiento. No hay dogmas, hay experiencias. Si logramos entrar en contacto con nuestro ser interior, podremos comprobar y experimentar por nosotros mismos toda enseñanza que nos hayan impartido. Tendremos acceso a conocer el universo.



En ese camino quizás descubramos que el universo externo y el interno son uno. Este punto es donde deberemos hacernos responsables de que todo lo que nos sucede empieza y termina en nuestro interior. Esta conexión con el todo es una de las experiencias más transformadoras que puede vivir un ser humano. Recorrer este camino y encontrar nuestra propia forma, nuestros propios métodos, conocer el universo sin más intermediarios que nuestro ser. Eso es la meditación. 


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